Tras más de un mes de protestas, organizaciones sociales de Bolivia abren la puerta al diálogo con el Gobierno

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En un giro que podría marcar el inicio de una salida a la crisis que atraviesa Bolivia, organizaciones obreras y campesinas manifestaron por primera vez su disposición a entablar un diálogo con el Gobierno del presidente Rodrigo Paz, luego de más de un mes de protestas y bloqueos que afectan gran parte del país.
La Central Obrera Boliviana (COB) y la Federación de Campesinos Túpac Katari de La Paz, dos de los principales sectores que impulsan las medidas de fuerza, propusieron avanzar en la elaboración de una agenda de trabajo que permita abrir una instancia de negociación. Hasta ahora, ambas organizaciones mantenían una postura intransigente y reclamaban la renuncia del mandatario.
El dirigente campesino David Mamani explicó que la propuesta será evaluada por las bases, que deberán decidir si continúan las protestas o si se avanza hacia una mesa de diálogo. «Las organizaciones sociales sentimos el desgaste y el cansancio», reconoció, aunque aclaró que cualquier acercamiento deberá contemplar una agenda nacional que evite nuevos conflictos institucionales y políticos.

En la misma línea se expresó el secretario ejecutivo de la COB, Claudio Choque, quien reclamó un diálogo «sincero» y con garantías concretas. Entre los principales pedidos de los manifestantes figura el cese de los procesos judiciales contra personas detenidas durante las movilizaciones y el reconocimiento de las resoluciones adoptadas en cabildos sociales.
Bolivia atraviesa actualmente 36 días consecutivos de cortes de rutas en al menos seis de sus nueve departamentos. La situación golpea especialmente a La Paz, donde los bloqueos han complicado el abastecimiento de alimentos, encarecido productos básicos y generado problemas de transporte debido a la escasez de combustible.
La crisis también estuvo marcada por episodios de violencia entre manifestantes y fuerzas de seguridad, con heridos, daños en edificios públicos y denuncias de agresiones a civiles.
El impacto económico es otro de los puntos críticos del conflicto. Diversas estimaciones calculan que las pérdidas acumuladas oscilan entre los 1.600 y los 2.000 millones de dólares, con fuertes consecuencias para sectores como el transporte, la industria y el comercio.
En este contexto, el gobernador de La Paz, Luis Revilla, aliado del Ejecutivo, consideró que la situación podría comenzar a descomprimirse incluso sin un acuerdo inmediato. Según afirmó, la necesidad de retomar las actividades cotidianas terminará impulsando una salida al conflicto.
Por el momento, el Gobierno no respondió oficialmente a la propuesta de negociación. Sin embargo, en reiteradas ocasiones expresó su disposición a dialogar con sectores que presenten reclamos legítimos, aunque descartó cualquier conversación basada en pedidos de renuncia presidencial.
Mientras continúan las protestas, también crecen las movilizaciones de ciudadanos que reclaman la liberación de las rutas y el regreso a la normalidad. Con los primeros gestos de apertura por parte de las organizaciones sociales, las próximas horas serán determinantes para saber si Bolivia inicia un proceso de pacificación o profundiza la confrontación.
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