LABORAL

Argentina puede llegar a producir 300 millones de toneladas de granos muy rápidamente

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Marcos Pereda: Al margen de las preferencias que podamos tener como ciudadanos, es mejor que como representantes gremiales nos mantengamos al margen de las candidaturas. Lo que sí creo es que este rumbo hay que consolidarlo y para ello lo mejor es consolidar un crecimiento sostenido de la economía, arriba del 5%. Sólo seremos voceros del productor agropecuario y del campo.

P.: ¿Considera que la actual conducción ha sido excesivamente complaciente o ingenua frente a las promesas económicas de Javier Milei?

M.P.: La actual conducción no ha podido o no ha querido cumplir con un precepto básico de cualquier institución gremial: mantener la independencia indispensable para representar genuinamente los intereses de sus socios. Ser independiente no es ser opositor, ni ir al choque. Significa tener claro cuáles son las prioridades.

P.: Y, si eventualmente, Milei no fuera reelecto, ¿no teme que este apoyo de la SRA debilite la capacidad de negociación de la Rural frente a otro presidente?

M.P.: Justamente por eso la SRA como entidad gremial debe ser autónoma. La relación con los gobiernos es institucional, no personal, independientemente de quién gobierne. Con libertad para defender lo que consideramos que es correcto y criticar lo que es perjudicial para el sector. Y, mucho peor es ser oficialista de todos los gobiernos como hizo Pino con (Alberto) Fernández y (Sergio) Massa, y hace ahora con Milei.

Rumbo económico

P.: ¿Cree que esta vez, Argentina podrá mantener un rumbo sin barquinazos?

M.P.: En el Council of Americas (realizado el jueves pasado) pudimos comprobar la enorme expectativa generada por los nuevos motores -energía y minería- de la economía argentina, que pronto ayudarán a soportar la enorme carga que hoy recae casi exclusivamente en el agro (60%). Eso facilitará mucho para consolidar el rumbo de una Argentina todavía muy frágil en lo económico y por lo tanto en lo político. Habiendo dicho esto, soy muy optimista en que la clase política llegue a un consenso sobre cuestiones que a esta altura son básicas, como la necesidad de mantener el equilibrio fiscal y el orden macroeconómico, cuidando nuestra moneda, con reglas de juego equitativas, claras y permanentes que otorguen previsibilidad y competitividad dentro de un marco de apertura e integración al mundo, que incentiven la inversión. Si logramos esto, tenemos una oportunidad enorme.

P.: ¿Cree que no existe riesgo de una vuelta del peronismo?

M.P.: El peronismo tiene pendiente dar un debate interno sobre sus errores del pasado y cómo mirar hacia el futuro. Pero creo que hay una cuestión más amplia, que no alcanza solamente al peronismo. La Argentina necesita fortalecer, en todas sus instituciones, los valores esenciales de la vida republicana. Y eso supone también dejar atrás determinadas prácticas de la vieja política, privilegiando la institucionalidad, la transparencia, la alternancia y el respeto por las reglas. Es un desafío que alcanza tanto a las instituciones públicas como a las organizaciones de la sociedad civil, incluida naturalmente la Sociedad Rural.

P.: ¿Cómo evalúa la postulación de un candidato de centro derecha?

M.P.: Siempre es saludable que haya más opciones para que la gente pueda elegir. Pero no podría hacer una evaluación política.

Carga impositiva

P.: ¿Qué opinión le merecen los beneficios que tienen sectores como la minería, energía, entre otros, cuando los productores locales, que ya tienen su capital hundido en la tierra, no cuentan con ningún beneficio?

M.P.: Se entiende la necesidad de brindar incentivos para nuevas inversiones, y desarrollar nuevos motores de crecimiento y generación de divisas para la Argentina. Es muy positivo que sectores como minería y energía encuentren condiciones que les permitan acelerar sus inversiones y desarrollo. Pero la Argentina no puede perder de vista que el agro sigue siendo su principal generador estructural de divisas y que tiene todavía un enorme potencial productivo por liberar. Es un sector que ya tiene su capital invertido, que produce, exporta y sostiene buena parte del ingreso de divisas del país, pero que continúa soportando una carga impositiva diferencial que limita su capacidad de crecer. El agro no pide privilegios. Pero, antes que nada, necesitamos que dejen de penalizarnos. Si se eliminan los impuestos más distorsivos que pesan sobre la producción, la respuesta será mayor producción: llegar a los 300 millones de toneladas de grano y un 40% más de divisas, como mínimo, para Argentina muy rápidamente. Este será un objetivo central de la Sociedad Rural. Trabajar para que el agro deje de ser tratado como una fuente de recursos fiscales y sea reconocido como lo que verdaderamente es: uno de los grandes motores de crecimiento federal de la Argentina.

RIGI

P.: ¿Le preocupa que, por diferentes circunstancias, el Gobierno necesite mantener las retenciones mientras a otros sectores los beneficia con el RIGI?

M.P.: De hecho, eso ya está ocurriendo en alguna medida, las retenciones continúan mientras otros sectores reciben regímenes especiales de incentivos. ¿Qué puede permitir eliminarlas definitivamente? Dos cosas: un Estado cada vez más eficiente, que reduzca estructuralmente su gasto, y fundamentalmente, una economía que crezca. El crecimiento es la verdadera salida. Una economía más grande genera mayor actividad, inversión y recaudación, reduce el peso relativo del gasto público y permite reemplazar los recursos provenientes de las retenciones por impuestos que alienten la producción en vez de castigarla. La Argentina tiene que crecer por encima del 4,5% para agrandar la torta y dejar de castigar a quienes pueden hacerla crecer.

P.: ¿Qué acciones gremiales concretas adoptaría usted si el Gobierno decide mantener las retenciones argumentando la prioridad del déficit cero?

M.P.: Lo primero que debemos hacer es unificar la voz del campo, porque eso nos dará mayor fuerza y capacidad de representación. Y paralelamente, sentarnos con el Gobierno a encontrar juntos un camino que permita eliminar las retenciones sin poner en riesgo el equilibrio fiscal. Tenemos que encontrar la forma de financiar esa transición. Si liberar al sector permite producir y exportar más, tenemos que encontrar un mecanismo para atravesar ese período de transición. Es un desafío que debemos resolver junto con el Gobierno, porque si lo hacemos bien, gana el campo, gana el Estado, gana la Argentina.

Competitividad

P.: ¿Cómo evalúa el tipo de cambio o, mejor dicho, el dólar que finalmente le queda al productor? ¿Es competitivo?

M.P.: La unificación cambiaria y la eliminación de la enorme brecha que tuvimos durante años han sido un avance muy importante. Pero todavía tenemos un problema de competitividad: mientras los costos internos aumentan en dólares, nuestros ingresos dependen fundamentalmente de precios internacionales que cotizan a un dólar estático que no acompaña la inflación. Eso comprime los márgenes. A esto se le suman las retenciones, que reducen aún más el tipo de cambio efectivo que recibe el productor. Por eso, más que discutir un valor puntual del dólar, debemos trabajar para que la Argentina recupere competitividad de manera sostenible. Ese es el desafío de fondo para poder invertir, producir y exportar más.

«Lo primero que debemos hacer es unificar la voz del campo, porque eso nos dará mayor fuerza y capacidad de representación», afirmó Marcos Pereda, en diálogo con Ámbito.

Consumo

P.: ¿Cómo ve la situación social, me refiero en particular al consumo, a los proveedores industriales vinculados a su sector?

M.P.: La situación social sigue siendo compleja. Muchas familias tienen sus cuentas comprometidas, el consumo continúa debilitado y esto también se refleja en buena parte de la actividad productiva. Por eso necesitamos crecimiento y el campo puede ser una herramienta extraordinaria para generarlo rápidamente y de manera federal. Cuando el campo crece, no crece solamente el productor: se moviliza la industria, los proveedores, los servicios, el transporte y las economías de cientos de pueblos del interior.

Reclamos

P.: Uno de los reclamos del sector son las tasas Viales Municipales. ¿Cuál es la propuesta para solucionar este problema?

M.P.: Por empezar hay que exigir que se invierta lo que se recauda. Hay que terminar con la superposición de impuestos y tasas que no tienen una contraprestación clara. Si se cobra una tasa para mantener un camino rural, el productor tiene que ver ese camino mantenido. Los caminos en mal estado son un cuello de botella que nos quita competitividad porque se consume más combustible, hay más roturas, más tiempo y más dificultad para sacar la producción.

P.: ¿En su sector cerraron establecimientos en los últimos años?

M.P.: Mientras que en el año 2000 éramos 300.000 productores en la actualidad somos menos de 240.000. Hay menos productores y también una pérdida de inversión por malas políticas del pasado, particularmente el cierre de exportaciones en ganadería y retenciones en la agricultura.

P.: ¿Observó una mayor venta de campos a extranjeros?

M.P.: No se percibe un crecimiento y tampoco creo que sea un problema central, nunca lo fue en nuestro país. Lo importante no es quién compra el campo, sino qué condiciones tenemos para seguir produciendo y no tener que vender.

Infraestructura

P.: ¿Cómo definiría la actual situación de las principales rutas y caminos rurales? ¿Ha empeorado la situación?

M.P.: Es uno de los grandes problemas que tiene el sector. Las rutas nacionales, provinciales y caminos rurales necesitan mantenimiento urgente. Si queremos producir más, tenemos que poder sacar la producción. La infraestructura y la logística tienen que ser prioridades nacionales.

P.: ¿Tienen un cálculo estimado de cuánto afecta esta situación a la rentabilidad del productor o cuánto encarece el costo?

M.P.: El costo existe y es concreto, la logística se descuenta del precio que recibe el productor. Pero el impacto depende de cada zona y de cada producción. Para un productor del NOA el costo de la logística es directamente prohibitivo.

P.: ¿Cuánto estiman que se debería invertir en lo inmediato en infraestructura para mejorar y mantener los caminos actuales?

M.P.: Más que poner una cifra a cuánto hay que invertir para mantener la infraestructura actual, creo que tenemos que pensar qué sistema logístico necesita la Argentina para los próximos 30 años, si aspiramos a alcanzar una producción de 300 millones de toneladas. Eso exige una planificación integral: más ferrocarril, mayor utilización de las hidrovías, corredores hacia el Pacífico y un sistema vial moderno. El objetivo debe ser reducir drásticamente el costo logístico de llevar nuestra producción al mundo. No podemos pensar el futuro simplemente emparchando la infraestructura del pasado.

P.: ¿Cuál es su propuesta concreta de la SRA para que el sector privado asuma el desarrollo de infraestructura sin que eso signifique un nuevo costo directo sobre los márgenes del productor?

M.P.: Todo lo contrario, las inversiones en logística deben ser hechas para bajar los costos. En los bienes públicos, el responsable último es el Estado. Ahora bien, la inversión puede realizarse a través de distintos esquemas, incluso público-privados, cuando sean económicamente viables, pero sin trasladar automáticamente el costo al productor. En cualquier caso, el Estado tiene que garantizar que la infraestructura exista, porque es lo que permite que la Argentina pueda desarrollar su pleno potencial.

Ventajas

P.: ¿De qué manera la entidad planea posicionar la carne argentina en los mercados globales de alta exigencia que imponen restricciones de trazabilidad ambiental y sostenibilidad?

M.P.: Argentina tiene una enorme ventaja: buena parte de nuestra producción ganadera se realiza sobre sistemas pastoriles y tenemos condiciones ambientales que nos permiten diferenciarnos. Con sistemas de trazabilidad simples, confiables y verificables, podemos demostrar esos atributos y transformarlos en valor. El desafío no es solamente cumplir las exigencias de los mercados, sino convertir nuestras ventajas productivas en una marca diferencial de la carne argentina. De todas maneras, es fundamental defender el acceso de los productos argentinos a los mercados internacionales, de barreras pararancelarias y cualquier intento de proteccionismo encubierto, sea bajo pretextos ambientales, sanitarios o regulatorios.

Representación

P.: Usted formó parte activa de la mesa chica de la SRA durante los últimos años. Si la gestión del oficialismo sufría de los «personalismos nefastos» y falta de planificación que hoy denuncia, ¿por qué esperó hasta la cercanía del cierre electoral para romper públicamente en lugar de marcar estas disidencias de forma institucional mucho antes?

M.P.: Yo hace ya 3 años que vengo planteando mis diferencias internamente. Ese recorrido lo hice en su totalidad, con las consecuencias que son conocidas. En la Sociedad Rural hoy no hay lugar para expresar divergencias, no importa que seas vicepresidente, director de distrito o miembro de una comisión. Si no te alineas incondicionalmente con el club de amigos que maneja la institución, quedás afuera. Muchos socios se alejaron de la SRA por esa razón. Por mi responsabilidad institucional yo me quedé y tomé la decisión de dar la pelea por una Rural diferente.

P.: Se habló originalmente de un acuerdo de transición donde usted sucedería a Nicolás Pino. ¿Su impugnación actual a la reelección de Pino responde estrictamente a una defensa doctrinaria del estatuto, o al quiebre de un pacto político-personal de alternancia entre ustedes?

M.P.: No es una cuestión personal, es 100% institucional. La negación por parte de Pino del acuerdo de alternancia que teníamos es consecuencia de una voluntad preexistente de quedarse en la SRA a toda costa, violando incluso la reforma del estatuto que promovimos juntos para poner un límite de tres mandatos consecutivos y que votaron todos los socios. La ruptura del acuerdo es algo secundario, casi anecdótico, más allá de la falta de palabra. Lo peor es la burla al socio que implica querer quedarse un cuarto y hasta un quinto mandato. Diez años al frente de la SRA es algo inédito en sus 160 años de vida. Y sin dudas sería muy negativo para la institución.

Registros genealógicos

P.: El sistema de registros genealógicos es el núcleo histórico de la reputación internacional de la Rural. Usted denunció un sobrecosto y un fracaso tecnológico rotundo en este contrato. Como vicepresidente en ejercicio, ¿qué falló en los mecanismos de control interno y auditoría de la SRA para que un presupuesto menor a un millón de dólares terminara triplicándose sin que se encendieran las alarmas a tiempo?

M.P.: Eso habría que preguntárselo a Pino, al director de Registros Genealógicos y al tesorero, quienes tenían la responsabilidad -por las funciones inherentes a sus cargos- de gestionar, realizar los controles pertinentes y rendir cuentas. Claramente fracasaron en todo eso, ocasionándole un perjuicio enorme a la institución e innumerables inconvenientes a los socios. Como si fuera poco, intentaron de manera irresponsable y cobarde echarle la culpa a terceros. Cuando asumamos lo primero que vamos a hacer es encargar una auditoría totalmente independiente a fin de determinar las responsabilidades correspondientes, porque se ha mentido mucho sobre este tema y los socios tienen derecho a saber que pasó. La solución del sistema de Registros será una prioridad de nuestra gestión.

P.: Históricamente, a la SRA se la acusa de representar casi con exclusividad a los grandes terratenientes de la zona núcleo bonaerense. Frente a las economías regionales y los productores medianos. ¿Qué cambios estructurales propone su lista para democratizar el acceso y la toma de decisiones dentro de un organismo tradicionalmente jerárquico?

M.P.: Esa percepción no refleja lo que es hoy la SRA. El agro es mucho más diverso y complejo que la zona núcleo y los grandes terratenientes. Tenemos productores de todas las escalas y realidades productivas completamente diferentes en todo el país. El problema de la representatividad no pasa por ese lado, sino porque las decisiones quedan en un grupo muy reducido y muy cerrado que maneja a la institución de manera totalmente discrecional, sin margen para las voces diferentes. Frente a eso proponemos una renovación profunda, con una fuerte incorporación de jóvenes que serán la próxima generación de dirigentes. Por otra parte, es indispensable impulsar y profundizar la profesionalización de los directores y el staff de la SRA.

P.: ¿Cuáles son los objetivos que piensa cumplir si es reelecto?

M.P.: Son varios, pero para sintetizar: mantener la autonomía necesaria para defender mejor la competitividad del sector, contribuir a la unificación de la voz del campo en los temas estratégicos, brindarles más beneficios a los socios en relación a la cuota, modernizar la entidad y solucionar el problema de los registros.

Elecciones

P.: ¿Porque al socio de la Rural le conviene votarlo a usted?

M.P.: Porque en esta elección no se juegan nombres sino dos modelos de gestión. Hoy la SRA es una institución cerrada, poco transparente y con un bajo nivel de profesionalismo. Es necesaria una renovación a fondo. Para eso hemos conformado un excelente equipo de trabajo, con productores de una gran formación técnica y de gran experiencia y con jóvenes profundamente comprometidos. Por mi parte, ofrezco mi conocimiento de la producción desde dentro y mi experiencia de gestión en distintas organizaciones. Y no me interesa eternizarme en ningún cargo. Mi compromiso público es cumplir dos mandatos y dejar paso a las nuevas generaciones. Cuatro años serán suficientes para realizar la renovación que estamos proponiendo.

P.: ¿Porque no conviene votar a Pino?

M.P.: Porque sería avalar que se instalen las peores prácticas de la política en la Sociedad Rural, la idea de que las reglas están para que las cumplan los demás. Porque significaría consolidar el modelo del club de amigos por 10 años. Porque sería condenar al estancamiento a una institución que tiene que modernizarse para hacer frente a los desafíos del siglo XXI.



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