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El dólar se recalienta: el BCRA cambia de estrategia y crece la tensión por el segundo semestre

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Se está yendo el semestre de la abundancia y llega el de la escasez relativa. El Banco Central se cansó de comprar dólares (más de US$ 11.000 millones), una medida aplaudida por Wall Street y el Fondo Monetario Internacional (FMI), pero el segundo semestre es otro mundo. Coincide con ciertos movimientos del tipo de cambio durante junio después de varios meses de apreciación. 

En los primeros cinco meses del año, el tipo de cambio real se apreció 11% respecto a diciembre de 2025. Y junio cortó la racha. Por la suba del dólar es que el BCRA no solo aminoró las compras (pasó de US$ 150 millones diarios a poco más de US$ 80 millones, en promedio), sino que salió a vender bonos dollar-linked para frenar las presiones. También actuó con fuerza en el mercado de futuros de dólares. 

En las mesas de dinero dicen que Santiago Bausili ya disparó con US$ 300 millones en esa plaza para contener la suba del dólar. 



Lo cierto es que los movimientos tienen su explicación. La consultora 1816 lo punteó así en su weekly: 

  • Desde mediados de mayo, el petróleo bajó 28,4% y la soja 8%, el índice dólar subió 3,4% y el dólar en Brasil 6,2%. Es con ese viento de frente que el tipo de cambio pasó de la zona de $1.400 a la zona de $1.480. 
  • El Gobierno amortiguó el movimiento con ventas de bonos USD linked (en futuros se confirmó que en mayo el short BCRA era apenas US$ 193 millones) y comprando un poco menos de dólares en el MULC (las compras de las últimas 10 jornadas han sido las más bajas desde marzo), aunque manteniendo la política de mostrar cada día un saldo positivo. 
  • Con el spot subiendo, dejaron de crecer los préstamos bancarios en dólares.
  • El tipo de cambio subió justo cuando la demanda de circulante creció en las últimas 21 ruedas seguidas, un reflejo más de lo irrelevante que se volvió el efectivo en el stock total de activos en pesos del sector privado (recién ahora el circulante está volviendo en términos nominales a nivel de diciembre de 2025). 

Según Empiria, la consultora de Hernán Lacunza, para la segunda mitad del año, la economía argentina (al tipo de cambio real actual) requeriría que la cuenta financiera provea alrededor de US$ 25.000 millones (que se reducirían a US$ 19.000 millones al contemplar el superávit comercial proyectado). Esta cifra excluye las obligaciones del Gobierno, cuyas necesidades están cubiertas por la suma de varias fuentes. 

«El desafío radica en que la cuenta financiera sea capaz de generar dólares al nivel que lo hizo durante el primer semestre, lo cual no es trivial al considerar que el gran componente de oferta (liquidaciones de préstamos y títulos en dólares) podría desacelerar hacia la segunda mitad de año», dice la firma del ex ministro de Economía de Mauricio Macri. 



Si bien entre octubre de 2025 y enero de 2026, las emisiones de deuda en dólares corporativas y provinciales acumularon casi US$ 10.000 millones, desde entonces tan solo hubo US$ 4.000 millones. De hecho, el Banco Central estima que la liquidación pendiente de ONs privadas es de US$ 3.000 millones. «Si bien los ingresos por esta línea superarán ese monto de acá a fin de año, no parece probable que logren replicar el dinamismo mostrado en la primera mitad del año», apunta Empiria.

Más allá cierta presión predecible en el mercado de cambios de acá a fin de año, el dólar futuro está en $1.652. Esto implicaría una suba del 11% hasta diciembre. Nada dramático. 

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El Gobierno le resta importancia a estos movimientos y está focalizado en traer buenas noticias de la marcha de la economía. Los datos que aparecen convalidan, de alguna manera, la tesis oficial de que «pasó lo peor» y que «lo mejor está por venir». No queda claro qué tan buenos pueden ser los indicadores y cuándo finalmente «derramará» en la calle. Por lo pronto, la suba del PBI del primer trimestre y que los salarios hayan cortado la caída en términos reales después de siete meses entusiasman en Economía, son un dato. 

¿Alcanza para «la calle»? Daniel Artana, economista jefe de FIEL, lo plantea así: «Si vos me decís a mí, de acá a final del año que viene cuando termina el mandato del presidente Milei, los salarios pueden recuperar los 4 o 5 puntos que perdieron en el sector formal, privado, te diría: ‘es posible, podría ocurrir, no se te arruina la macro'». 

Ahora, Artana dice que no será posible que vuelvan a los niveles que tenían en los primeros años de Mauricio Macri o en el último año de Cristina Kirchner en términos reales, que son entre 30 y 40 por ciento más altos que los actuales. 



«No aguantaría la macro; no tendrías las cuentas externas que tenés. Vivíamos por arriba de nuestras posibilidades. Eso es duro. Pero hoy podés recuperar lo que por ahí se perdió con la aceleración de la inflación, pero no vas a poder ir mágicamente a una situación bastante mejor en un futuro no tan lejano. Eso no está disponible», afirma el economista de FIEL. Los salarios no subirán por el ascensor pero sí por la escalera. 

Por lo pronto, los números de imagen empiezan a mejorarle a Javier Milei. En un evento realizado por Facimex Valores esta semana, dos consultores como Alejandro Catterberg y Mariel Fornoni mostraron proyecciones alentadoras para el oficialismo. Aun con todas las cosas negativas que pasaron, sobre todo el rebrote inflacionario y la caída del salario de los últimos meses, ellos siguen teniendo 40 puntos de aprobación para Milei. Y plantean que si mejoran las condiciones económicas, algo probable en los próximos meses, puede seguir repuntando la intención de voto hacia el oficialismo. Léase, la caída en el peor momento no fue catastrófica y hacia adelante tendría upside. Lo mismo se escuchaba, en el mismo evento, por parte de banqueros que hablaban con las principales empresas del país. La actividad en todos los sectores ya tocó un piso y prevén que empiecen a repuntar.

El otro aliado de Milei es la oposición completamente dispersa, sin rumbo y sin ideas para el futuro. Máximo Kirchner sigue hablando de reestructurar la deuda (incluido el FMI) y de la «justicia fiscal», un eufemismo de la fiesta irresponsable que su madre (CFK) dejó en 2015 con 7 puntos de déficit fiscal. Para pelearle la interna a Máximo está Axel Kicillof, el heredero natural del espacio que intenta una «lavada de cara». Desde pedirle al Deustche Bank que le organice reuniones con inversores y empresarios en Nueva York, a mostrarse abiertamente opuesto al default que ya proclama Máximo. «Axel siempre pagó», es el slogan de campaña al mercado, aquél que siempre se espantará si olfatea el regreso del populismo peronista a la Argentina. 



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