La gestión de residuos tiene que ocupar un lugar central en la agenda ambiental

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P: ¿Qué residuos pueden ser recuperados y reutilizados?
C.K.: Por ejemplo, barros de fondo de tanque de la industria petrolera o de industrias que utilizan hidrocarburos dentro de sus procesos. Si bien son residuos peligrosos, tienen poder calórico. Nosotros los recibimos, los trabajamos, los mezclamos y hacemos un pretratamiento para que la parte que puede ser utilizada ingrese en un blending para combustible alternativo. Eso se llama combustible derivado de residuos (CDR). También hay residuos de la industria farmacéutica. Los blísteres, por ejemplo, tienen plásticos derivados del petróleo y características que permiten incorporarlos a una mezcla de CDR.
Siempre aclaro que no es que se utilice directamente el residuo. Aproximadamente un 30% del total puede ser aprovechado en este tipo de procesos. El resto se trata y destruye como un residuo peligroso convencional, mediante incineración directa o estabilización para disposición final. También trabajamos con la industria para mejorar sus procesos y lograr que una mayor proporción de esos materiales pueda recuperarse.
P: Dentro de esa estrategia también están avanzando con un parque fotovoltaico en Puerto General San Martín. ¿En qué consiste la inversión?
C.K.: Está instalado sobre una de las celdas de nuestro relleno de seguridad que ya está cerrada porque completó su capacidad. Cuando una celda se completa, se cierra y después tiene usos muy restringidos, porque tiene que seguir siendo monitoreada durante 30 años. En este marco, optamos por instalar allí un parque fotovoltaico para abastecernos nosotros y también subir a la red la energía eléctrica excedente. La inversión es de u$s3 millones y esperamos inaugurar la primera etapa antes de fin de año. La otra mitad debería completarse durante el primer semestre del próximo año. Tuvimos algunas demoras por la parte administrativa con la Empresa Provincial de la Energía de Santa Fe para poder subirnos a la red, pero el proyecto está muy avanzado.
P: ¿Qué otras inversiones están proyectando para 2026 y 2027?
C.K.: Estamos permanentemente dentro de un programa de mejora continua de las instalaciones. Se va ampliando la capacidad operativa de las plantas, instalamos tanques y construimos depósitos. Pero nuestro proyecto más importante a corto plazo es generar energía a partir de la incineración. Estamos cambiando la tecnología de los hornos para que, a partir del calor que liberan, también puedan generar energía. Para aquellos residuos que necesariamente tienen que ser incinerados porque no pueden recuperarse en ninguno de sus componentes, la idea es aprovechar el calor de ese proceso. Sería otra forma de generar energía dentro del propio tratamiento.
P: En un escenario complejo para parte de la industria, ¿pueden planificar inversiones a largo plazo?
C.K.: Lo hacemos. Hay sectores industriales que se vieron afectados. Yo siempre pongo como ejemplo los neumáticos. Hace algunos años mucha gente iba a Paraguay a cambiarlos porque acá eran muchísimo más caros. Hoy esa diferencia se achicó, pero en el medio hubo fábricas locales que cerraron. Eso nosotros también lo perdemos y lo pierde toda la cadena que las abastecía. Pero aparecen otros sectores, como la minería y todo el sector energético, que están creciendo mucho y generan demanda para nuestra actividad y para otros servicios asociados. Hay mucha expectativa con los proyectos mineros en Mendoza y con Vaca Muerta, en Neuquén. Eso empieza a generar demanda. No sucede de un día para el otro, pero ya lo estamos viendo. Estamos en una transición y todavía no recuperamos los volúmenes de tratamiento que teníamos antes de la pandemia.
P: Si ingresara al circuito formal una mayor cantidad de los residuos que hoy quedan afuera, ¿la industria tiene capacidad para absorberlos?
C.K.: Si hoy se tratara todo el residuo industrial y peligroso que se genera y entrara por los canales formales, tendríamos que triplicar la capacidad instalada. Pero ahí existe un doble problema. Como falta control y fiscalización sobre el vuelco de residuos, tampoco existe suficiente incentivo para que las industrias hagan un uso más eficiente de los recursos.
Una industria puede generar miles de litros de residuos líquidos y, si no existen incentivos o multas que la obliguen a corregir el proceso, tampoco va a utilizar menos agua o generar menos residuos. Lo que necesitamos no es generar cada vez más residuos, sino que los que ya se generan ingresen al circuito formal y, paralelamente, mejorar los procesos para producir menos.
P: ¿Esa formalización también podría generar empleo?
C.K.: Sí. En un contexto en el que se habla mucho del avance de la inteligencia artificial y de puestos que pueden ser reemplazados, la industria del tratamiento de residuos necesita mucha mano de obra. Es una actividad que no se puede reemplazar simplemente por informática o por trabajo no presencial. Durante la pandemia fuimos considerados una actividad esencial y no pudimos dejar de operar. Aunque muchas industrias frenaron, otras como energía, alimentos o farmacéuticas siguieron trabajando y generando residuos. El tratamiento no podía parar. En definitiva, en la medida en que tengamos más demanda y necesitemos aumentar nuestras capacidades, también tenemos que incorporar más gente.
P: ¿Cuántas personas trabajan actualmente en Pelco?
C.K.: Empleamos alrededor de 250 personas de manera directa, además de todo el empleo tercerizado e indirecto que existe alrededor del transporte, asesoramiento, ingeniería y otros servicios. Ese número corresponde a nuestras tres sedes: la que tenemos en Buenos Aires y las dos instalaciones en Puerto General San Martín.
P: ¿Evalúan abrir nuevas plantas?
C.K.: Por ahora no está en nuestros planes abrir otra planta de tratamiento. Estamos enfocados en mejorar los procesos y ampliar las instalaciones que ya tenemos, sobre todo en Santa Fe, donde estamos en una zona netamente industrial y tenemos mayor lugar para expandirnos.
No quiere decir que en el futuro no suceda. Hay actividades que generan mucha expectativa, como Mendoza, Neuquén y otros proyectos mineros que pueden aparecer en el sur. La normativa internacional indica que los residuos deberían tratarse lo más cerca posible del lugar donde son generados. Entonces, si esas actividades continúan creciendo, habrá que evaluar si llega el momento en el que conviene instalarnos en otra provincia.
P: ¿Qué condiciones podrían ayudar a acelerar las inversiones industriales?
C.K.: El crédito para la industria es una herramienta fundamental. También beneficios o incentivos impositivos y cuestiones vinculadas al costo laboral, que hoy dificultan la incorporación de gente.
Los costos laborales asociados a juicios y demandas también terminan encareciendo el costo productivo. Si bien es un índice que bajó en los últimos años, continúa siendo algo que las empresas miran cuando toman decisiones.
P: De todos esos factores, ¿cuál es hoy el principal problema para el sector de tratamiento de residuos?
C.K.: Para nuestro sector, el mayor desafío por parte del Estado es la falta de control y fiscalización sobre las industrias que generan residuos. Siempre digo que cuando se vuelcan residuos es como si se volcara nuestra materia prima. Entonces, lo que hoy es una amenaza también representa una oportunidad: en la medida en que empiece a existir mayor control, van a comenzar a aparecer residuos que actualmente están dentro del canal informal.
Cuando hay escenarios de crisis económica, lamentablemente uno de los primeros costos que se intenta recortar es el de la gestión de residuos. Pero no debería ser una variable de ajuste. Hay costos que una empresa sabe que tiene que afrontar: paga la energía, paga impuestos y el tratamiento de los residuos también debería formar parte de esos costos.
P: Usted también cuestionó lo que define como “greenwashing”. ¿Qué observa dentro de algunas empresas?
C.K.: Hay mucho greenwashing. Industrias que tienen un discurso de sustentabilidad y después, cuando empezás a mirar la operación cotidiana, una cuestión básica como mandar sus residuos a tratar no la cumplen.
Fundamentalmente, ocurre por costos. Existe una diferencia entre contratar una empresa habilitada para tratar esos residuos y mezclarlos con residuos comunes para que los retire el servicio municipal.
Esto no sucede solamente en las grandes industrias. Un ejemplo muy gráfico es Rosario: hay alrededor de 3.000 odontólogos inscriptos y todos generan pequeñas cantidades de residuos patogénicos en sus consultorios. Sin embargo, aproximadamente 150 contratan formalmente el servicio de tratamiento.
P: Desde su lugar al frente de CATRIES, ¿cuál es hoy el principal reclamo al Gobierno?
C.K.: La falta de políticas públicas. La economía siempre ocupa el primer lugar de la agenda y después todas las áreas tienen sus problemas. Ambiente hoy es una subsecretaría a nivel nacional y es una cartera a la que históricamente no se le presta suficiente atención.
El tema ambiental es transversal. Hay cuestiones de seguridad y de salud que están directamente relacionadas con el no tratamiento de los residuos. El mayor reclamo es que exista una agenda ambiental dentro de la cual la gestión de residuos tenga un lugar central. También necesitamos control y fiscalización.
P: ¿La falta de información también dificulta ese control?
C.K.: Totalmente. Hoy no tenemos, ni a nivel nacional y en muchos casos tampoco provincial, una base consolidada que permita saber cuánto residuo se genera y cuánto se trata en el canal formal. Los números que manejamos surgen de un estudio que realizan la Universidad Nacional de Rosario y la UBA a partir de un convenio que firmamos desde CATRIES y otra cámara del sector. Nosotros aportamos información de las industrias sobre los residuos que recibimos, las cantidades y demás, y a partir de eso se genera un índice. Pero fuera de eso no hay una estadística oficial consolidada. Para el sector es muy difícil decidir dónde invertir de esa manera.
P: Usted lo definió como “navegar a ciegas”.
C.K.: Sí. Estando dentro de la industria, tenés algunas mediciones y conocés el comportamiento del mercado. Pero no tener índices nacionales, provinciales y locales es prácticamente navegar a ciegas. Además, la información debería estar integrada. Nación tiene un sistema de trazabilidad mediante el manifiesto electrónico para los residuos peligrosos, pero cuenta fundamentalmente con la información de los movimientos interjurisdiccionales, cuando un residuo pasa de una provincia a otra.
Todo aquello que se mueve dentro de una misma provincia queda bajo información provincial. Hay que integrar esos datos porque, de lo contrario, siempre estamos viendo solamente una parte de la película. Y la falta de información deriva también en falta de control: si no sabés cuánto se genera, difícilmente puedas fiscalizarlo.
P: ¿Qué potencial tendría el sector si una parte de ese 90% que hoy permanece afuera ingresara progresivamente al circuito formal?
C.K.: Nosotros no estamos ni cerca de la expectativa que podría generar eso. Si hoy alrededor del 90% queda por fuera y la actividad tiene la dimensión que tiene, imaginemos qué sucedería si lográramos incorporar un 40% más. No sería solamente generación de empleo dentro de nuestra industria, sino todo lo que derrama hacia otras actividades.
Hay que empezar a mirar las políticas ambientales también desde una perspectiva industrial. Muchas veces, cuando se habla de ambiente, se piensa solamente en bosques protegidos, parques, fauna o especies en extinción. Pero existe una parte dura, que es la de los residuos, y creemos que tiene muchísimo potencial.
Incluso las empresas argentinas que quieren insertarse en mercados como la Unión Europea necesitan cumplir estándares ambientales mucho más altos. Eso también termina impactando directamente en nuestra actividad.
P: ¿Qué lugar debería ocupar entonces la industria del tratamiento dentro de la discusión ambiental?
C.K.: Durante mucho tiempo la actividad fue demonizada y categorizada como contaminante, cuando nosotros sostenemos que es exactamente lo contrario. Siempre decimos que es mejor un mal tratamiento que un no tratamiento de residuos.
Hubo también mucho falso ambientalismo. En su momento, por ejemplo, la Ley de Basura Cero estableció metas que planteaban que la generación de residuos iba a disminuir con el paso de los años. Pero cuando aumenta la población y aumenta el consumo, también crece la generación.
Lo que tenemos que hacer es generar políticas para que esos residuos efectivamente sean tratados dentro del canal formal y, al mismo tiempo, trabajar para generar menos. Puede parecer contradictorio que alguien que se dedica al tratamiento diga que hay que generar menos residuos, pero son distintas aristas de un mismo problema.
P: Para cerrar, ¿dónde le gustaría que estuviera Pelco dentro de cinco años?
C.K.: El mayor anhelo es que sea percibida como una industria que trabaja por la sustentabilidad y como parte de la solución al problema de la contaminación, no como parte del problema. Eso es algo que intentamos reivindicar cada vez que hablamos, no solamente desde Pelco, sino también como representantes del sector.
Más allá de poder decir que queremos facturar tres veces más, crecer o abrir nuevas plantas para responder a la demanda que pueda venir, creo que el verdadero desafío es que se contemple y se entienda a esta industria por el aporte social que realmente hace. La contaminación va mucho más allá de la actividad industrial.
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