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el mercado bull se monta sobre nuevos récords y disipa nubarrones

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Periodista: Y, de súbito, se hizo la luz. El lunes el Dow Jones estampa un nuevo récord absoluto. Y el S&P 500 vuelve a pisar sobre los 7600 puntos. Un día después también estrena máximos rotundos. Un horizonte cargado de nubarrones se despejó de repente. La guerra, Ormuz, la Fed de Warsh, la suba de las tasas largas, la intervención de urgencia de Scott Bessent para socorrer al yen. Todo se hizo a un lado. Ya no perturba. Lo que irrumpe es el mercado bull, intacto, con una embestida arrolladora.

Gordon Gekko: Lo que no mata, fortalece.

G.G.: Yo diría que, al final del día, son los balances. La temporada es excepcional. La rentabilidad, los márgenes, la orientación que dan las empresas sobre el futuro de sus negocios. Y se percibe una economía muy firme atrás. La guerra en Irán despertó muchas dudas en marzo, pero desde abril la visión es muy constructiva. Y si bien se la pone a prueba, una y otra vez, finalmente esa solidez es lo que prevalece.

P.: Hay muchos shocks adversos, pero uno muy favorable y potente: el auge de la inteligencia artificial (IA). En el fondo, ¿es el motor principal del avance?

G.G.: Las ganancias por acción del S&P 500 apuntan a superar 47% interanual en el segundo trimestre. Sería imposible, a esta altura del ciclo expansivo, imaginar un número semejante sin la contribución de la IA. Y aun si se detraen los balances de Alphabet (Google) y Amazon, la cuenta arroja una mejoría interanual de 28,8%.

P.: Es un registro excepcional. ¿Hay antecedentes de una marcha tan vibrante?

G.G.: Inmediatamente después de una recesión, los rebotes suelen ser tan o más poderosos. El último trimestre de 2021, el salto fue de 91%.

P.: Cuando las empresas salían de la recesión del Covid.

G.G.: De la recesión de utilidades. La contracción económica fue muy breve y punzante. Duró de febrero a abril de 2020. Pero el lastre que produjo en la rentabilidad llevó tiempo – más de un año – remediarlo.

P.: El mercado bull nació después.

G.G.: En octubre de 2022.

P.: Así visto, se trata de un mercado maduro. Pero trepa con la agilidad propia de la juventud. ¿Podrá mantenerse así?

G.G.: Mire, arrancó por debajo de los 3500 puntos en 2022 cuando la Fed corría a la inflación por detrás, todavía ajustaba las tasas a zancadas de tres cuartos de punto cada una y se temía una recesión a la vuelta de la esquina.

P.: Preocupaciones más delicadas que las actuales si se considera que también se lidiaba con una guerra (en Ucrania) y una crisis internacional de la energía.

G.G.: La situación era más complicada entonces que ahora. Por mucho. Aunque, a decir verdad, OpenAI lanzó ChatGPT a fines de noviembre de 2022. Sin que lo supiéramos, se estrenó así la revolución que hoy explica que su vigor, lejos de declinar, tienda a acelerarse todavía mucho más.

P.: El S&P 500 duplicó su cotización. Se ubica hoy a más de 7680 puntos. ¿Cuál es el límite?

G.G.: No lo sabemos, pero, quédese tranquilo, que lo vamos a averiguar.

P.: Mientras tanto, aprobado el último examen de estrés, la saga alcista continúa.

G.G.: No se confunda. Las tasas de interés reales aumentaron tres cuartos de punto desde febrero. La saga continúa, como usted dice, pero con una mochila más pesada a cuestas. El boom de la IA no se construye solo con intangibles y esperanza. El aumento de la infraestructura que requiere para sostenerse es mayúsculo y muy oneroso. El gasto de inversión que precisa la IA provoca un fenómeno de crowding out importantísimo, que hasta los soberanos libres de riesgo están padeciendo. La saga continúa. El estrés, también.

P.: Que la Fed de Kevin Warsh no suba las tasas de interés, o que EEUU intervenga para sostener al yen, no cambia la ecuación.

G.G.: No. Si la Fed permanece de brazos cruzados, y no resulta convincente, la curva de rendimientos se desplaza hacia arriba en todos los plazos y la pendiente se empina (suben más las tasas largas). Ya lo hemos visto. Las condiciones financieras se complican de una manera diferente, pero no hay un almuerzo gratis. La IA paga lo que le toca sin chistar. El Tesoro, que se financia mucho en el corto plazo, mitiga el incremento inmediato en su cuenta de intereses. La factura extra la termina recibiendo el mercado inmobiliario.

P.: Que es un sector que a Warsh – y al gobierno – les interesaba no castigar.

G.G.: Pero si Warsh quiere que los bond vigilantes le hagan el trabajo sucio esa es la manera. Por otra parte, la intervención de Bessent en Japón es anecdótica. En EEUU, no. Su papel es crucial. En Japón, apenas una contribución puntual. Ya vimos hoy que si el gobierno nipón fracasa con la subasta de bonos doméstica, pese a la intervención cambiaria, las tasas largas allí también van a subir.

P.: ¿Cuál es la intervención de Bessent en EEUU? ¿Por qué es tan importante?

G.G.: Lo que se le pide a la política monetaria, lo debería proveer la política fiscal, que es su responsabilidad. Tendría que cerrar progresivamente la canilla del déficit. La economía atraviesa una situación de sólida expansión en pleno empleo. La inversión en IA está volando. Es dable esperar que facilite un crecimiento mayor por más tiempo. Es el momento ideal para que el déficit de 6% del PBI desensille.

P.: Pero un recorte no figura en los planes. Menos que menos con una elección por delante.

G.G.: Seguro. Con más razón entonces la política debería amoldarse. Si Trump no retomaba las hostilidades en Irán, y no excitaba de nuevo los precios de la energía, Warsh no hubiera tenido problemas en mantener las tasas estables sin disidencias internas. No hubieran quedado expuestas tampoco las contradicciones en su discurso. La Fed puede esperar siempre y cuando el shock negativo de la energía no sea persistente. La guerra en Irán (en concreto, el bloqueo de Ormuz y la escasez de energía) y la paz monetaria ya no son compatibles. Esa también es una tarea que Bessent debe encarar. O Trump acepta que Warsh propicie motu proprio una modesta suba de tasas que evite el riesgo de una desbandada. O el presidente forja una solución duradera en el Golfo que asegure que no habrá una crisis de la energía y despeja ese riesgo. Desde abril que Wall Street confía ciegamente en lo segundo, pero es una cuestión de instinto sin una realidad que lo confirme. La Fed será menos complaciente. Y tomará sus recaudos si no ve un avance. Bessent no lo ignora. Y promete un acuerdo que desbloquee Ormuz “hoy o mañana”. El asunto será mantenerlo abierto en el tiempo.



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